Monday, August 28, 2006


Por cierto, la niña del centro soy yo, por si hay una pregunta en el aire...Hablando de aires, siempre tenía ese aire ausente, aunque no puedo atestiguarlo del todo, ya que ser el cuarto retoño de una familia media no facilita la descripción paterna de los detalles de tu infancia.

Mis modalidades fotogénicas eran como sigue:
a) el ya mencionado "aire ausente", que me hacía aparecer como levitando sobre la sucia, triste y fría realidad que me circundaba y que, para bien y para mal, parece que sigue siendo sello de la casa aún en este presente.
b) la "hecatombe lacrimógena", o momento que se producía cuando mi padre se empeñaba en inmortalizar mi menuda figura delante de las cámaras posando con una mano en el brazo del sofá de eskai (cosa que nunca entendí, si no es por dejar constancia de la propiedad de dicho mobiliario, o bien, quizás el hacerme aparecer con el semblante y la prestancia de una infanta borbónica no afectada aún por los estragos de la endogamia, pero sí por los del berrón).
c) la "mala malísima", era mi pose preferida porque era la única que podría controlar a conciencia. Consistía en dejar caer los párpados, apretar las comisuras de los labios y mirar fijamente, en plan "Damien", no ya al objetivo de la cámara, sino al fotógrafo tras ella...Mi mirada taladraba la conciencia de quien me iba a fotografías y yo pretendía hipnotizar tanto a la cámara como al...zas! y entonces venía mi padre, y rectificaba mi pose, transformándola en la ya mencionada "hecatombe lacrimógena".

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