Monday, August 14, 2006

Huevos podridos. Una batería de huevos podridos sobre el balcón parece ser el único método eficaz para atajar la oleada de berreos producidos por mezclar alcohol con estupidez mental. Es asombroso que un grupo de tarados te despierte a las 3 de la mañana berreando como los corderos de Jodie Foster en "El silencio de los ídem"- Luego te asomas con cara de pasmo al balcón, esperando descubrir que unos alienígenas con forma de Norit campan a sus aires por la ciudad, y te das cuenta de que no, que no son borreguitos lanudos, sino de los otros, o sea, de los que balan todas las noches por mi calle reclamando no se qué concepto de libertad y diversión que consiste en provocar el insomnio de los pobres incautos que viven al lado del bar de donde ellos acaban de salir.

Quizás la alienígena sea yo. Y entonces me lamento de haber sido tan torpe y no haber, quizas, adivinado que en este planeta, cuando sales de tu redil, tienes que ponerte a embestir física o auditivamente con todo lo que se ponga delante de ti. En ese caso, tendría que lamentar enormemente haberme comportado en mis viajes como una viajera y no como una turista, tendría que lamentar haber respetado el sitio que visitaba en vez de haberlo destrozado, vomitado, tirado, berreado, estropeado e insultado a sus habitantes.

Creo que en vista de lo que ocurre, voy a comprarme un disfraz de color rosa y rojo, con peluca y antifaz. Así disfrazada, voy a sembrar la justicia vecinal en mi calle, a evitar que la gente orine en la puerta de mi casa, que griten impunemente a las 3 de la mañana, que vomiten periódicamente ante mis pies, que dejen sus detritus sobre la cera de mi calle, que insulten a los vecinos que les increpan...Seré una mezcla entre Batgirl, PowerPuff Girl y Hongk Kong Fui. Seguro que me detienen a mí.

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