Sunday, January 07, 2007

Mis propósitos de año nuevo son:

-termina con el curso de la UOC (por ahora).

-que el curso de japonés no termine conmigo

- no volverme terminal en las clases de danza

y sobre todo:

- volcar todo lo que he absorbido en algo creativo, llámesele exposición de fotografía, de net-art, o cortometraje.

- aprender a pedalear de pie en la bici.



Pues eso, espero que te lo hayas pasado bien el fin de año. Nosotros cenamos ambos dos en casa y luego fuimos a casa de unos amigos de unos amigos (sin peluca, para mi tristeza y desilusión, snif), donde nos sentamos alrededor de una mesa, yo en un extremo. A mi derecha se empezó a hablar de temas serios tipo tregua, Eta, etc...y a mi izquierda de recetas de comida, cómo arreglar las cortinas, y otras anécdotas. Teniendo en cuenta que mi posición en la mesa me hacía aparecer como Victoria Prego en sus mejores años de moderadora, y siendo una persona seria y circunspecta como soy, implicada en mi realidad y sus aspectos más preocupantes, definitivamente me decidí por hablar de cómo preparo el pollo al limón.

La charla estuvo bien. Muchos ángeles pasaron, cosa que suele ocurrir cuando en fin de año vas a casa de alguien a quien no conoces llevando una peluca roja y una careta de buda en el bolso. Y aunque nadie sabía que tal era el contenido de mi bolso, yo sentía que ese abominable secreto me estaba acusando desde el fondo del forro, mientras a mi alrededor, los analistas de la actualidad seguían analizando los pormenores del ajusticiamiento de Hussein, el hipotético fin de la tregua, la muerte de las dos Rocíos y la extinción del oso polar.

Temiendo que mi atroz secreto se viera revelado si alguien estornudaba y me veía en la obligación de ofrecerle pañuelos, mi imaginación comenzaba a crear monstruos en forma de pelucas rojas y caretas de buda que saltaban desde el interior del bolso y nos regalaban con las canciones, villancicos y chascarrillos que yo no había podido decir en toda la noche por lo circunspecto de la situación.

Pero tal no llegó a ocurrir, y finalmente, tras dos gin-tónic y algunas garrapiñadas, la conversación de extinguió, dando paso a una concatenación de bostezos que anunciaban la inminencia del amanecer y la proximidad de un futón acogedor y cariñoso que acogiera mis surrealistas sueños.

Chica, perdona, se me ha ido la olla escribiendo. Creo que apuntaré como un propósito más hacer tiempo para retomar la cosa literaria, porque es que se me van los dedos.


La multi ani!

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